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De Chupitira

Por Juan José Palop

COMPAS DE LA VICTORIA: ECOS DEL BALCON Y CASA DE
PILATOS EN LA SEMANA SANTA DE MALAGA

Transcurrida ya la animada Semana Santa de Málaga, que en esta edición de 2009 ha registrado un número excepcional de visitantes, con una ocupación hotelera al máximo y la utilización de los autobuses municipales por parte de un millón de usuarios, con unos incondicionales seamanasanteros agrupados en familias para presenciar todos juntos el paso de los tronos, abordamos para el acontecer histórico de nuestra Semana Santa un tema relacionado con las manifestaciones y escenificaciones sacrofestivas de hace un siglo en Málaga, que se enmarcaban en torno al Balcón, y por extensión, a la Casa de Pilatos en el número 2 del Compás de la Victoria.
Sobre este tema, el escritor costumbrista Diego Ceano González, presidente que fue de la Asociación Malagueña de Escritores y vicepresidente de Siglo XXI, manifestó al que esto escribe hace ya tiempo que, tras consultar una extensa biografía y preguntar a historiadores locales, nada se había encontrado con referencia documental sobre la curiosa denominación del mencionado inmueble, salvo un dato obtenido tras la charla con un vecino del barrio victoriano. Según José de Labordeta, antiguo morador de la zona, el origen del nombre Balcón y Casa de Pilatos le venía al inmueble de las representaciones del Vía Crucis que se escenificaban el Viernes Santo en la confluencia de la Plaza de la Victoria con el Camino Nuevo, representaciones que se sucedían en procesión partiendo de la iglesia de San Lázaro, y discurrían por calle Amargura camino del Monte Calvario.
Por la década de los años 20 al 30 del siglo XX, sobre todo, y en el marco de las mencionadas escenificaciones del Viernes Santo con el Vía Crucis como fondo, la primera estación penitencial se hacía a las puertas del templo de San Lázaro, junto a la cruz de piedra que aún permanece allí intacta desde el año 1753. Y ante el vecino edificio de enfrente de la iglesia que señalamos como la Casa de Pilatos con su balconada en el primer piso, tenía lugar la representación semanasantera.
En esa grande y bella balconada del edificio, que formaba esquina con el comienzo de calle Amargura, un hombre vestido de “Pilatos” se lavaba las manos ante la multitud de personas allí reunidas –en este caso fieles-, al hilo de la narración evangélica de la Pasión de Cristo. Por esa circunstancia, los vecinos de entonces dieron en llamar a la balconada “Balcón de Pilatos”, y por extensión “Casa de Pilatos a todo el edificio. En aquellas escenificaciones del Viernes Santo, además de romanos y hebreos, no faltaban entre la muchedumbre los comerciantes ambulantes que voceaban lo mismo limones para subir al Calvario, que papas de menta, cañadú o madroños.
¿Qué fue de aquella “Casa de Pilatos” levantada en la época en que se construyó el Compás de la Victoria sobre 1870, tras la desamortización de Mendizábal que acabó en el barrio victoriano con el convento de Frailes Mínimos –luego Hospital Militar y hoy Hospital Doctor Pascual- y con su compás monacal bordeado de álamos? La casa fue comprada por el publicista y periodista malagueño Antonio Bueno Muñoz en la cantidad de 900.000 pesetas al asesor mercantil León Sanz Jiménez. Antonio Bueno, a través de la constructora Vita, convirtió ese número 2 del Compás de la Victoria, de sólo dos plantas altas entonces, en el actual edificio moderno de nueve plantas altas, en cuyos bajos figura una sucursal que fue primero de la Caja de Ahorros de Ronda, entidad hoy integrada en Unicaja.




MUSEO DE LA VICTORIA


/LA VOZ DE LOS MAYORES. NUESTROS BARRIOS. 23 FEBRERO 2010/

EL MUSEO DE LA VICTORIA REUNE EVOCACIONES HISTORICAS

CON MAS DE 500 AÑOS DE ANTIGÜEDAD

Con el miércoles de ceniza ha comenzado la cuenta atrás para la Semana Santa y las Cofradías malagueñas están ya preparadas para vivir 40 días cargados de actos, que incluyen todos los detalles para el mayor esplendor de los desfiles procesionales. Este año, por cierto, las Cofradías están siendo más madrugadoras en la programación de sus actos. Un hito importante será la apertura del Museo de Semana Santa, prevista para principios del mes de marzo. Puestos a hablar de Semana Santa y de Museos de índole religiosa, nos ocupamos hoy del Museo de la Victoria, ubicado en la parroquia del mismo nombre, a la vez Santuario de la Patrona de Málaga y ya también con el título de Basílica Menor. Empecemos recordando que en el año 2000 el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, impuso a la Virgen de la Victoria la Medalla de la Ciudad de Málaga, así como que acaba de conmemorarse el 67 aniversario de la coronación canónica de la Patrona de Málaga y su Diócesis, acto que tuvo lugar en el año 1943 en el Parque. Y en el año 2001 fue creado el Museo de la Victoria, que está abierto de lunes a viernes en horario de 10 a 12,30 de la mañana.



En el Museo se puede admirar, en la cripta de la iglesia, el panteón de los condes de Buenavista, reconstructores en 1703 del templo como se encuentra hoy. Las efigies de los condes están de rodillas sobre sus féretros y el panteón tiene una decoración barroca de fondo negro sobre el que se recortan figuras en escayola blanca. En el camarín de la Virgen, de un espléndido rococó, está la imagen de la Virgen de la Victoria, donada por el emperador Maximiliano de Austria a los Reyes Católicos, poco antes de la toma de Málaga. Junto al camarín se encuentra el Museo, con siete mantos y diversos enseres de la Patrona. Destacan el manto de terciopelo celeste bordado en plata y mandado hacer por la malagueña Anita Delgado, que fue maharaní de Kapurtala en la India, agradecida a la Virgen por la curación de su hijo; el manto de seda verde de los Reyes Católicos; el celeste y plata de Isabel II; el de Carlos IV; los de las marquesas de Campoamor y de Camponuevo; el pendón de Málaga de terciopelo morado, donado por los labradores, tras una epidemia; el báculo auténtico de San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos, quienes levantaron en 1493 la primitiva iglesia victoriana y el convento que en 1838 pasó a ser Hospital Militar de Málaga y hoy es Hospital Dr. Pascual. Para el rector de la Basílica y anterior párroco, Ignacio Mantilla, los mantos con mayor valor histórico son el de los Reyes Católicos (siglo XV), el de Isabel II (siglo XIX) y el de Carlos IV (siglo XVIII); el de mayor valor sentimental, el de Anita Delgado.



Y siguiendo en ambiente semanasantero, añadiremos que acaba de ser repuesta sobre el tejado del pabellón del Seminario Mayor de Málaga, con proyección hacia los barrios de la Victoria y de Capuchinos, muchos de cuyos habitantes la echaban de menos, la imagen de la Inmaculada que allí figuraba desde la construcción de ese pabellón en el año 1946 por el entonces obispo de Málaga Balbino Santos, y que adversas condiciones atmosféricas la habían perjudicado notoriamente. La imagen ha sido repuesta en virtud de una colecta interparroquial.



Congreso sobre la ley Sinde

miércoles, 28 de abril de 2010

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martes, 27 de abril de 2010

De Chupitira


Por Juan José Palop

LA LEY QUE ROMA OTORGO A MALAGA EN EL AÑO 74 SE ENCONTRO ENTRE EL BARRO DEL EJIDO. LOS CARGOS MUNICIPALES ERAN HONORIFICOS Y EL OFICIO DE CONCEJAL SOLO DURABA UN AÑO.

Si hoy estuviese en vigencia la Lex Flavia Malacitana que el Imperio Romano otorgó a Málaga en el año 74 de nuestra Era, den por seguro que no se hubiesen producido los reiterados casos de corrupción, especialmente en el campo del urbanismo, que todos conocemos. El negocio del suelo no tenía cabida en los estatutos que convirtieron a Málaga en el año 74 en un municipio de pleno derecho y ciudad federada en el marco del Imperio Romano hace dos mil años. Veamos algunos ejemplos. Según la Lex Flavia Malacitana, los cargos públicos y los ediles sólo podían ostentar sus cargos durante un año y debían avalar con sus propios bienes el dinero que gestionaban; si el dueño de un edificio lo destruía sin necesidad, tenía que reconstruirlo en un año o pagar una multa equivalente a su valor; resultaba, pues, imposible transformar una nave en un bloque de pisos. Las elecciones se celebraban en los colegios y junto a cada urna había tres vecinos del municipio. El texto muestra, pues, la preocupación que existía ya entonces por las cuestiones de urbanismo y de ordenación social.


Esta Lex Flavia Malacitana acaba de ser reeditada por el Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Málaga. El original, en tablas de bronce, reposa en el Museo Arqueológico Nacional. Pues bien, la Lex Flavia Malacitana, nombre que lleva una plaza ubicada entre los barrios de la Victoria y Capuchinos, en el histórico Ejido, con el paso del tiempo y de las sucesivas invasiones, se perdieron. Pero a finales de octubre del año 1881, dos peones que cavaban extrayendo arcilla junto a una de las lagunas existentes en otros tiempos en el Ejido victoriano para la fabricación de ladrillos y tejas, lagunas que uno ha llegado a conocer, encontraron escondidas en un cerco de ladrillos romanos y cubiertas por telas de hilo también romanas, bajo el subsuelo del actual colegio Lex Flavia Malacitana, dos grandes tablas de bronce con inscripciones. Las ocultaron al dueño de la alfarería, vendiéndolas a un hojalatero de calle Compañía a precio de metal viejo.


Se disponía éste a fundir las tablas, cuando la noticia llegó a oidos del marqués de Casa Loring, quien las adquirió para su museo de la finca de La Concepción. Las dos planchas y sus inscripciones en latín fueron estudiadas por el arqueólogo y escritor Rodríguez de Berlanga, del que una calle victoriana cerca al Ejido lleva el nombre. Resultado: la plancha mayor, que pesaba 89´49 kilos, correspondía a la Lex Flavia Malacitana, que Roma otorgó a la ciudad en tiempo de los emperadores Tito y Vespasiano. Una reproducción de esta plancha, ordenada hacer por el alcalde de Málaga Francisco García Grana en 1964, se encuentra en un lateral de la sala de plenos del Ayuntamiento malagueño.


¿Ventajas de aquella ley para la ciudad? Málaga se federaba con Roma, y los habitantes conservaban su libertad (sufragio, matrimonio y comercio), sus leyes y su autonomía. Tenían terreno propio y el derecho a nombrar magistrados; los cargos municipales eran honoríficos y el oficio de concejal duraba un año. Era aquella la época del esplendor del Teatro Romano de Málaga, hoy en penosísimas vías de recuperación.