miércoles, 28 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
De Chupitira
Por Juan José Palop
LA LEY QUE ROMA OTORGO A MALAGA EN EL AÑO 74 SE ENCONTRO ENTRE EL BARRO DEL EJIDO. LOS CARGOS MUNICIPALES ERAN HONORIFICOS Y EL OFICIO DE CONCEJAL SOLO DURABA UN AÑO.
Si hoy estuviese en vigencia la Lex Flavia Malacitana que el Imperio Romano otorgó a Málaga en el año 74 de nuestra Era, den por seguro que no se hubiesen producido los reiterados casos de corrupción, especialmente en el campo del urbanismo, que todos conocemos. El negocio del suelo no tenía cabida en los estatutos que convirtieron a Málaga en el año 74 en un municipio de pleno derecho y ciudad federada en el marco del Imperio Romano hace dos mil años. Veamos algunos ejemplos. Según la Lex Flavia Malacitana, los cargos públicos y los ediles sólo podían ostentar sus cargos durante un año y debían avalar con sus propios bienes el dinero que gestionaban; si el dueño de un edificio lo destruía sin necesidad, tenía que reconstruirlo en un año o pagar una multa equivalente a su valor; resultaba, pues, imposible transformar una nave en un bloque de pisos. Las elecciones se celebraban en los colegios y junto a cada urna había tres vecinos del municipio. El texto muestra, pues, la preocupación que existía ya entonces por las cuestiones de urbanismo y de ordenación social.
Esta Lex Flavia Malacitana acaba de ser reeditada por el Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Málaga. El original, en tablas de bronce, reposa en el Museo Arqueológico Nacional. Pues bien, la Lex Flavia Malacitana, nombre que lleva una plaza ubicada entre los barrios de la Victoria y Capuchinos, en el histórico Ejido, con el paso del tiempo y de las sucesivas invasiones, se perdieron. Pero a finales de octubre del año 1881, dos peones que cavaban extrayendo arcilla junto a una de las lagunas existentes en otros tiempos en el Ejido victoriano para la fabricación de ladrillos y tejas, lagunas que uno ha llegado a conocer, encontraron escondidas en un cerco de ladrillos romanos y cubiertas por telas de hilo también romanas, bajo el subsuelo del actual colegio Lex Flavia Malacitana, dos grandes tablas de bronce con inscripciones. Las ocultaron al dueño de la alfarería, vendiéndolas a un hojalatero de calle Compañía a precio de metal viejo.
Se disponía éste a fundir las tablas, cuando la noticia llegó a oidos del marqués de Casa Loring, quien las adquirió para su museo de la finca de La Concepción. Las dos planchas y sus inscripciones en latín fueron estudiadas por el arqueólogo y escritor Rodríguez de Berlanga, del que una calle victoriana cerca al Ejido lleva el nombre. Resultado: la plancha mayor, que pesaba 89´49 kilos, correspondía a la Lex Flavia Malacitana, que Roma otorgó a la ciudad en tiempo de los emperadores Tito y Vespasiano. Una reproducción de esta plancha, ordenada hacer por el alcalde de Málaga Francisco García Grana en 1964, se encuentra en un lateral de la sala de plenos del Ayuntamiento malagueño.
¿Ventajas de aquella ley para la ciudad? Málaga se federaba con Roma, y los habitantes conservaban su libertad (sufragio, matrimonio y comercio), sus leyes y su autonomía. Tenían terreno propio y el derecho a nombrar magistrados; los cargos municipales eran honoríficos y el oficio de concejal duraba un año. Era aquella la época del esplendor del Teatro Romano de Málaga, hoy en penosísimas vías de recuperación.
Por Juan José Palop
LA LEY QUE ROMA OTORGO A MALAGA EN EL AÑO 74 SE ENCONTRO ENTRE EL BARRO DEL EJIDO. LOS CARGOS MUNICIPALES ERAN HONORIFICOS Y EL OFICIO DE CONCEJAL SOLO DURABA UN AÑO.
Si hoy estuviese en vigencia la Lex Flavia Malacitana que el Imperio Romano otorgó a Málaga en el año 74 de nuestra Era, den por seguro que no se hubiesen producido los reiterados casos de corrupción, especialmente en el campo del urbanismo, que todos conocemos. El negocio del suelo no tenía cabida en los estatutos que convirtieron a Málaga en el año 74 en un municipio de pleno derecho y ciudad federada en el marco del Imperio Romano hace dos mil años. Veamos algunos ejemplos. Según la Lex Flavia Malacitana, los cargos públicos y los ediles sólo podían ostentar sus cargos durante un año y debían avalar con sus propios bienes el dinero que gestionaban; si el dueño de un edificio lo destruía sin necesidad, tenía que reconstruirlo en un año o pagar una multa equivalente a su valor; resultaba, pues, imposible transformar una nave en un bloque de pisos. Las elecciones se celebraban en los colegios y junto a cada urna había tres vecinos del municipio. El texto muestra, pues, la preocupación que existía ya entonces por las cuestiones de urbanismo y de ordenación social.
Esta Lex Flavia Malacitana acaba de ser reeditada por el Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Málaga. El original, en tablas de bronce, reposa en el Museo Arqueológico Nacional. Pues bien, la Lex Flavia Malacitana, nombre que lleva una plaza ubicada entre los barrios de la Victoria y Capuchinos, en el histórico Ejido, con el paso del tiempo y de las sucesivas invasiones, se perdieron. Pero a finales de octubre del año 1881, dos peones que cavaban extrayendo arcilla junto a una de las lagunas existentes en otros tiempos en el Ejido victoriano para la fabricación de ladrillos y tejas, lagunas que uno ha llegado a conocer, encontraron escondidas en un cerco de ladrillos romanos y cubiertas por telas de hilo también romanas, bajo el subsuelo del actual colegio Lex Flavia Malacitana, dos grandes tablas de bronce con inscripciones. Las ocultaron al dueño de la alfarería, vendiéndolas a un hojalatero de calle Compañía a precio de metal viejo.
Se disponía éste a fundir las tablas, cuando la noticia llegó a oidos del marqués de Casa Loring, quien las adquirió para su museo de la finca de La Concepción. Las dos planchas y sus inscripciones en latín fueron estudiadas por el arqueólogo y escritor Rodríguez de Berlanga, del que una calle victoriana cerca al Ejido lleva el nombre. Resultado: la plancha mayor, que pesaba 89´49 kilos, correspondía a la Lex Flavia Malacitana, que Roma otorgó a la ciudad en tiempo de los emperadores Tito y Vespasiano. Una reproducción de esta plancha, ordenada hacer por el alcalde de Málaga Francisco García Grana en 1964, se encuentra en un lateral de la sala de plenos del Ayuntamiento malagueño.
¿Ventajas de aquella ley para la ciudad? Málaga se federaba con Roma, y los habitantes conservaban su libertad (sufragio, matrimonio y comercio), sus leyes y su autonomía. Tenían terreno propio y el derecho a nombrar magistrados; los cargos municipales eran honoríficos y el oficio de concejal duraba un año. Era aquella la época del esplendor del Teatro Romano de Málaga, hoy en penosísimas vías de recuperación.
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